El porqué de este blog, el porqué del decir, el porqué de confesarse, el porqué de levantarse de la cama, asearse, desayunar, apurarse para llegar a tiempo a la esquina donde tomamos el camión que nos conduce al trabajo todos los días hasta llegar a tu escritorio donde una vez ya instalado alguien seguramente preguntará con un gesto de indiferencia, monotonía o desinterés, el porqué de mis peinados.
Me encuentro en reconstrucción, pero no como los viejos monumentos públicos en remodelación sino como un mueble usado que por azahares del destino alguien se ha encontrado en la basura y decide seguirle dando un uso apropiado, como mueble o como leña para el fogón, a final de cuentas y gracias a la física lo sabemos, automáticamente lo que no se destruye, se transforma.
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